Por: Mariela Noles Cotito - Makungu [1]Establezcamos cual es el presupuesto del que partimos. El autor de esta nota no cree en la intangibilidad de las etiquetas sociales. Con estas se refiere a etiquetas tales como homosexual, heterosexual, de clase media, de clase trabajadora, entre otras. Es más, se atreve a pensar que estos son eufemismos creados por algunos para identificar fenómenos que no tienen que ser estáticos en el tiempo pero que se requiere, siendo esto discutible, que sean así a fin de estudiarlos certeramente. Más aun, el autor de esta nota considera que no son estáticas, ni siquiera, las etiquetas varón y mujer; y acepta ciertamente que esto generará cierto debate. Finalmente, este no es un texto académico; es una provocación.
A ningún especialista en género le cabe duda de que la categoría “género” es un enfoque transversal en el análisis que tenga frente a sí, dado que en el análisis de género, el foco de atención no es la inclusión de la mujer en un proyecto dado, eso sería, para enunciarlo de manera simplista, un enfoque feminista, sino la evaluación de los resultados proyectados teniendo en cuenta las relaciones de poder entre varones y mujeres del grupo social que este proyecto va a afectar. Es así que no todo proyecto que incluya a las mujeres como protagonistas será un proyecto con enfoque de género.
El análisis racial también es un análisis transversal. Cada proyecto de desarrollo que incluya un análisis de raza debe considerar la posición social de cada raza que este proyecto vaya a afectar, para así elaborar herramientas que permitan que ulteriormente todas las razas que se vean afectadas, reciban u obtengan, sustancialmente, el mismo resultado esperado. Así también el impacto que este proyecto en cuestión causará en la identidad racial del colectivo que afecte y si esto ocasiona alguna variación de la percepción social de esta raza en particular; sin olvidar, otros elementos tangenciales que caracterizan al grupo social racial.
Ahora bien, se piensa que la raza (como categoría) por ejemplo, la negritud de la piel, no se elabora sino que se adquiere; esto es, no se aprende a ser negro, solo se es. Lo mismo sucede con la categoría mujer. Pero es esto tan cierto?
“Negro” y “mujer” no son categorías inherentes, sino que son sociales y así, dinámicas. Entendiendo lo controversial de esta afirmación, paso a explicarla. La persona de raza negra, no es una persona diferente al sujeto de raza blanca, u otra raza, físicamente hablando. Es más, el mismo concepto de raza es una categoría sociológica artificial para diferenciar a unos sujetos de otros. En este sentido, podría ser dinámica de muchas maneras, solo veamos que, por ejemplo, en los países del norte un negro de color claro, peruano, no será considerado negro sino únicamente latino. Pero vayamos mas allá con este argumento ilustrándolo con un ejemplo: en un país utópico donde todos los habitantes son ciegos y el color de la piel sea invisible a los hombres, no habrá blancos y negros, y así, la categorización de la diferencia, la evidencia de una otredad, deberá ser distinta.
El que la categoría mujer no sea inherente al ser humano femenino parece un error, pero no lo es tanto si se tiene en cuenta que esta realidad biológica puede ser cambiada en cualquier momento de la vida quirúrgicamente, así que esta también puede ser dinámica. Nada tiene que ver que una persona haya nacido biológicamente mujer para que en un tiempo y espacio determinado, algún tiempo después, se le identifique físicamente como un hombre, con genitalia y demás características físicas de varón; y de la misma manera en el caso contrario. Un sujeto nacido varón puede ultimadamente elegir, y la ultima fue una palabra fue cuidadosamente seleccionada, el sexo biológico a ostentar.
Con lo anterior claro, surge una duda. Si en la transversalidad del enfoque de género, el concepto de mujer es dinámico, y en su misma transversalidad, el análisis de raza se basa en una negritud dinámica ¿Cómo se estudia a la mujer negra? ¿Es conveniente utilizar el enfoque de género para identificar el impacto de un proyecto dirigido a ellas?, ¿es más conveniente un análisis de raza?, ¿ambos?, y si fuera así ¿Cuál es el efecto de usar ambos?
Aclaramos desde ya, que no pretendemos responder a todas estas preguntas. Desde nuestra perspectiva utilizar un enfoque de raza, anula la opción de utilizar un enfoque de género, esto es, pensar en el negro, impide pensar en la mujer negra. Y si lo explicáramos mejor, diríamos que pensar en el grupo colectivo negro nos impide pensar en que dentro de este colectivo hay un subgrupo que tiene sus propias características y que está constituido por las mujeres dentro de este colectivo, las mujeres negras. Al menos desde la aproximación social que se hace en nuestro país.
Esto tiene varias causas siendo la principal que el enfoque de raza no es muy utilizado, pero independientemente de ello, por el hecho de que pensar en el negro hace pensar en todo un grupo social, no cohesionado y que por tal no tiene características homogéneas.
Aun cuando puede, más o menos, estimarse que todos los grupos étnicos comparten las mismas características de discriminación, esto no es tan cierto si se piensa que dentro de un mismo grupo étnico socialmente considerado, se ve afectado por otras variables sociales como una posición social estimada, nivel de educación, además de ubicación geográfica. El cruce de tantas variantes, entonces, hace que incluir un enfoque basado en la relación entre varones y mujeres de esta misma etnia sea, o demasiado difícil o demasiado intrincado cuando lo que se busca es revalorar a una raza en particular, considerando necesariamente todas las características que la población de este grupo étnico presenta, aun cuando lo ideal sería incluirlo.
Ahora bien, no se parte de que esto sea lo correcto, pero ciertamente sucede. Claro es que incluir un enfoque de género completaría o daría una mirada social diferente al fenómeno analizado pero cierto es que suelen ser excluyentes, o al menos no rigurosamente aplicados dentro de la academia peruana. Interesante sería que el lector intente hacer un ejercicio de aplicación de ambos enfoques en un proyecto, y si lo logra, sigamos aportando al desarrollo de nuestra raza, de las mujeres de nuestra raza. Cualquiera que esta sea.
[1] Bachiller en Derecho. Docente adjunta del Departamento de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, curso: Seminario de Género y Derecho. Siéntase libre de enviar sus críticas, preguntas o sugerencias a mnoles@pucp.edu.pe